Resumen
Este ensayo bibliográfico examina cómo se manifiesta el acoso escolar en las primeras etapas de la escolaridad, un terreno en el que la Educación Inicial todavía arrastra un debate conceptual: varios autores prefieren hablar de agresión entre pares o de victimización antes que de bullying en sentido estricto, porque a esas edades la intención sostenida, la repetición y la asimetría de poder son más difíciles de identificar que en cursos superiores. A partir de una revisión narrativa de dieciséis fuentes publicadas entre 2022 y 2026, se reconocieron dos formas dominantes de manifestación temprana: la intimidación física, que el personal adulto suele detectar con mayor facilidad, y la exclusión social, cuyo carácter menos visible retrasa con frecuencia una intervención oportuna. La evidencia revisada muestra, además, que estas conductas casi nunca aparecen aisladas, sino entrelazadas con dificultades de regulación emocional, baja aceptación entre pares, escasa conducta defensora y factores familiares como el estrés parental o el conflicto intrafamiliar. Para el caso ecuatoriano, el estudio encuentra una brecha considerable entre la existencia de normativa y protocolos institucionales y la escasez de investigación empírica propia centrada específicamente en niños de tres a cinco años, lo que dificulta el diseño de estrategias preventivas ajustadas a esta etapa del desarrollo. Como resultado, se propone instalar en Educación Inicial un modelo de observación sistemática del juego libre y de las interacciones cotidianas, acompañado de formación docente continua, trabajo articulado con las familias y estrategias socioemocionales como la lectura guiada y el entrenamiento en empatía. El ensayo concluye que la prevención más efectiva no comienza cuando el acoso ya está consolidado, sino cuando aparecen sus primeras señales: exclusión repetida, desequilibrios de poder dentro del juego y respuestas adultas que minimizan lo que tienen frente a los ojos.