Resumen
El estudio destaca la educación inicial como aquella que va más allá de lo académico, incluyendo la orientación ética y el desarrollo emocional. Esto se logra a través del papel del maestro como guía moral y modelo de valores como el respeto, la empatía y el amor. El propósito fue examinar, desde un punto de vista pedagógico y antropológico, la manera en que los principios humanistas y éticos organizan la labor docente durante los primeros años de vida, promoviendo el desarrollo integral de los niños, así como la convivencia, la alteridad y la otredad. El desarrollo se organizó en partes teóricas y prácticas: fundamentación de valores; función del maestro como agente humanizador; fomento de la empatía y la otredad en el aula; resignificación de los valores humanos a través del diálogo y el juego; una pedagogía del amor que actúa como práctica transformadora; ética profesional con responsabilidad social; desafíos contemporáneos y sugerencia de una práctica basada en alteridad y amor para lograr una educación crítica e inclusiva. Las conclusiones subrayan que la enseñanza inicial establece fundamentos duraderos en términos de ética y emociones, más allá de los contenidos curriculares, con el objetivo de cultivar ciudadanos responsables. El maestro tiene que ser un ejemplo de coherencia, empatía y compromiso social, poniendo como prioridad una pedagogía afectuosa, inclusiva en diversidad y reflexiva constantemente para dar un carácter humano a las aulas y enfrentar los retos contemporáneos.